En CARRASCO BADIAL hemos visto una y otra vez lo mismo: muchos proyectos de edificación vertical se diseñan con la lógica de “que cumpla norma y no se caiga”, pero una estructura buena de verdad hace mucho más que eso. Para nosotros, una buena estructura equilibra seguridad, costo, constructibilidad y desempeño sísmico a lo largo de la vida del edificio. Cuando ese equilibrio se pierde, el proyecto se encarece, se complica en obra o se vuelve vulnerable justo cuando más lo necesita: durante un sismo fuerte.
1. Claridad de sistema estructural
Esto es algo que en un congreso en Chicago se me quedo grabado de un ingeniero americano reconocido, “SIMPLE IS BETTER”. Una estructura bien resuelta se entiende de inmediato: se ve qué elementos cargan, cómo se lleva la carga al suelo y quién resiste el sismo y el viento.
En un edificio vertical esto pasa por definir, desde el anteproyecto:
- Los elementos principales de rigidez: muros, núcleos y marcos.
- La conexión de los diafragmas de entrepiso con esos elementos.
- Un camino limpio de cargas verticales y laterales hasta la cimentación.
Mientras más claro es el sistema, más sencillo es analizarlo, optimizarlo y construirlo. Los esquemas enredados tienden a pedir más acero, más concreto y más tiempo, sin garantizar mejor desempeño.
2. Regularidad y buen comportamiento sísmico
La experiencia en zonas sísmicas lo confirma: los edificios que mejor se comportan no son los más pesados, sino los más regulares. La regularidad en planta y elevación ayuda a:
- Evitar pisos suaves y niveles débiles.
- Controlar distorsiones y derivas.
- Repartir esfuerzos de forma más uniforme.
En muchas de las torres proyectadas y revisadas por CABA, los mejores resultados llegan cuando la búsqueda de regularidad se da desde las primeras versiones de planta, no como corrección de último minuto.
3. Compatibilidad con el proyecto arquitectónico
Una estructura excelente no pelea con la arquitectura; la potencia. En anteproyecto conviene revisar que:
- Los ejes estructurales sigan la modulación arquitectónica.
- No existan columnas o muros que “desaparecen” o cambian de posición abruptamente.
- Los núcleos de circulaciones y servicios se aprovechen para alojar rigidez lateral.
Gran parte del trabajo de CABA consiste en traducir decisiones arquitectónicas en consecuencias estructurales y económicas. Volados, grandes claros o sótanos complejos pueden ser totalmente viables, siempre que se reconozca lo que implican en sistema y análisis.
4. Eficiencia en costo y constructibilidad
No puede considerarse buena una estructura que sea elegante en papel pero impráctica en obra. Una solución eficiente no es la que tiene más kilos de acero, sino la que encuentra el punto correcto entre desempeño y costo, con un sistema que se puede construir en las condiciones reales del proyecto. En la práctica, esto implica:
- Sistemas y secciones que permitan repetitividad y ritmos claros de colado y armado.
- Detalles sencillos y bien pensados en nodos y anclajes.
- Ingeniería de valor bien entendida: ajustar donde es seguro, sin tocar ductilidad ni desempeño sísmico.
En CARRASCO BADIAL, sabemos que una buena estructura en edificación vertical es aquella donde el sistema es claro, el comportamiento sísmico es predecible, la arquitectura y la estructura trabajan juntas, la solución es construible y eficiente, y el edificio está preparado para su ciclo de vida completo. Esa es la diferencia entre simplemente cumplir la norma y realmente agregar valor a cada proyecto.